QUE ES UN DJ
 UN DJ ES AQUEL QUE SIENTE LA MUSICA POR DENTRO, QUE SE APASIONA POR ELLA, QUE TRANSMITE A TRAVES DE SUS MANOS SU ARTE, SU FEELING, SU VIDA, Y SOBRE TODO EL AMOR POR LA MUSICA.

UN DJ ES AQUEL QUE BUSCA SUPERARSE DIA CON DIA, QUE AYUDA A LOS DEMAS A QUE SOBRESALGAN, QUE SE SIENTE FELIZ AL VER QUE OTROS SON FELICES AL BAILAR AL COMPAS DE LA MUSICA QUE EL TOCA.

UN DJ ES AQUEL QUE USA LA PSICOLOGIA PARA HACER VIBRAR LOS SENTIDOS MAS INTIMOS DE LAS PERSONAS QUE DISFRUTAN AL BAILAR CON LA MUSICA QUE EL PROYECTA.

UN DJ NO ES AQUEL QUE TOCA PARA SI MISMO, SINO QUE TOCA PARA LOS DEMAS.

UN DJ NO ES AQUEL QUE PONE DISCOS Y QUE NO LE IMPORTA HACER VIBRAR A LOS DEMAS.

UN DJ DISFRUTA LO QUE HACE, SIMPLEMENTE TRANSMITE CULTURA.

 
 
10MANDAMIENTOS DE UN DJ

1- Amarás la música por sobre todas las cosas
2- No trabajarás sin licor toda la fiesta
3- No robarás ni sellaras las mezclas o versiones de tu prójimo
4- No desearás la mujer del dueño de la discoteca o agasajada
5- Honrarás a tus padres siempre y cuando te dejen dormir hasta las cuatro de la tarde
6- Que jamás pero jamas, falten el chupe, el cigarro y las mujeres en la fiesta
7- No llegarás nunca a la hora en punto
8- No usarás tornas ajenas
9- No usarás mixes mezclados por otros al menos que sean sin marca
10- No usarás discos piratas almenos que vos los grabes...


 
 
BREVE HISTORIA DE LOS DISC-JOCKEYS
 
 
 
La transformación de la figura del disc-jockey de mero pinchadiscos a auténtico productor musical se gestó en la capital mundial de la música disco: Nueva York.

Los disc-jockeys se han dedicado a pinchar discos durante décadas. Pero en los treinta años de existencia de la música dance electrónica se han convertido en símbolos culturales influyentes. Además de servir como guardianes de las industrias musicales locales, algunos DJ son embajadores musicales muy bien pagados que viajan alrededor del mundo para difundir las últimas tendencias musicales.
¿Ello se debe a que han aprendido a “hechizar” una pista de baile, a “trabajar” un disco de manera que suene a la vez familiar y completamente nuevo y a “enloquecer” a la multitud durante una fiesta? ¿O simplemente a que por fin reciben apetitosas pagas y disfrutan de la celebridad que acompaña al dinero y a la aparición en los medios de comunicación?
Probablemente la respuesta sea todo lo anterior o un poco de cada cosa. Las raíces de la cultura DJ deben buscarse en centros urbanos conocidos desde hace tiempo como focos de creatividad musical como Nueva York, punto de partida ineludible de cualquier historia, incluso breve, de la era disc-jockera. Allí, a finales de los sesenta y principios de los setenta, el cruce entre la cultura afroamericana y la sensibilidad gay asumida colectivamente formó el núcleo de la cultura dance contemporánea.
La cultura de la música dance, ya se asocie con el disco, el club o el house, tiene sus raíces en Nueva York. La Gran Manzana se convirtió en la capital mundial de la música disco a mediados de los setenta, gracias a una vibrante cultura underground capitaneada por homosexuales afroamericanos y latinos. Las discotecas legendarias de la ciudad, The Sanctuary, The Loft, Better Days y Paradise Garage, entre otras, emergieron de la fusión de los tres tipos de ambientes musicales de los sesenta, que programaban música grabada con o sin disc-jockey. Los pioneros trabajaban en discotecas “a la francesa”, entre las que figuraban, en Manhattan, Le Club y, posteriormente, Arthur and Cheetah. Su diseño y clientela eran fiel reflejo de la idea, nacida en la posguerra, de la discoteca como un lugar elegante donde la jet-set podía tomar una copa.
Esta visión elitista cambió a principios de los setenta, cuando las discotecas absorbieron los cambios que estaban transformando a la sociedad estadounidense. Mención aparte merece el hecho de que los jóvenes –en particular homosexuales, mujeres o miembros de minorías étnicas– que habían estado (o se habían sentido) marginados de la sociedad comenzaron a hacerse oír. Estos grupos incluían a hippies anteriores a Woodstock, poetas combativos, músicos, actores y otros artistas, así como a afroamericanos, latinos y caucasianos de clase media. Aunque en algunos casos se mezclaban, en general frecuentaban salas de baile diferentes según su orientación sexual.
Los heterosexuales tomaron al asalto clubes como Electric Circus o Zodiac, con un repertorio de rock, rythm and blues y formas precursoras de lo que hoy conocemos como “world music”. Por su parte, los hombres y mujeres homosexuales preferían bares o clubes de barrio, legales o clandestinos, situados en zonas étnicamente homogéneas como Harlem, la parte hispana de ese barrio o el Upper West Side.
Los legendarios motines de Stonewall, en Greenwich Village, del 28 de junio de 1969, terminaron con las frecuentes redadas policiales en estos bares gays. Los homosexuales combatieron por primera vez colectivamente y con éxito el acoso policial, hasta el punto de que después de Stonewall muchos gays y lesbianas comenzaron a ver en el dance no sólo un pasatiempo, sino también un poderoso medio para crear conciencia de grupo.
Aunque la discoteca gay más antigua del estado de Nueva York estuvo probablemente en Cherry Groove, en Fire Island, el primer local urbano que convirtió a las discotecas en lugares notorios, a la vez prohibidos y atractivos, fue The Sanctuary, situado en Manhattan, en la calle 43. Este lugar se convirtió en los setenta en modelo de otras discotecas gays y fue también cuna del primer disc-jockey transformado en estrella del pop. La gente acudía allí a ver y escuchar a Francis (Grasso), que había ideado un nuevo instrumento, consistente en dos platinas y un mezclador, y un nuevo espacio: la cabina del disc-jockey, que, con sus controles de luz y sonido, conseguía que el público bailara con desenfreno y sin parar.
Hacia 1973, revistas como Billboard y Rolling Stone y radioemisoras de Nueva York se hicieron eco del fenómeno “disco”. Los fans comenzaron a comprar discos en una cantidad tal que las productoras tuvieron que prestar atención a un género que hasta entonces habían ignorado. Como sus antepasados de la radio de los cincuenta, los disc-jockeys conquistaron un poder capaz de convertir un tema en un éxito o un fracaso. Su creciente notoriedad hizo que pronto pudieran intervenir en la producción. Por ejemplo, el DJ neoyorquino David Todd dio a conocer a Van McCoy, productor de la firma R&B, un baile latino llamado the hustle (“el empujón”). Con él, McCoy produjo un disco que fue número uno y Todd pasó a desarrollar el departamento disco de una gran compañía: Rca.
TOMADO DE: http://www.unesco.org

 
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